Hombre alado.

Estaba llena de desolaciones,

de mutilaciones y palabras ahogadas.

Perdida en mis años sin tiempo

sometidos y solos.

Pero me dió alcance la dulzura

de tus caricias aladas

que de pronto mudaron mis silencios,

transformando agonías en virtudes.

Hay una constelación de estrellas en mis ojos

que lleva tu nombre

martes, 15 de noviembre de 2011

para no morir.

El lápiz se volvió su pulmón, lo que la mantenía con vida, el único y casi imperceptible enlace que la unía a ese enloquecido amor que desde lejos la iba haciendo nueva cada día.
  Cada vez que moría las blanquecinas hojas se le ennegrecían en el corazón, como pesadas runas de agonía.
  Pero cualquier soplo, cualquier aleteo de cualquier ave era suficiente razón para seguir amándolo, para latir vertiginosamente, llenarse y derramarse en cada palabra, en cada herida.
  Ya no importaba el tiempo, ni el lugar, ya no importaba más que tomar ese lápiz y escribir tan solo...para no perder la vida.
                                                                                                                                                                       Daniela Tomé.

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