Aveces el silencio no perdona
Y es mucho más fácil morirse que estar vivo.
Los días se nos vuelven derrota
y en ella nos anclamos
escapándole al espejo, a los charcos
o a cualquier par de ojos
solo para no vernos.
Nos sentimos tan desgraciados,
Olvidados de nosotros mismos
Pero esperamos…
Porque sabemos, conocemos el sabor de la anestesia
Que llegará cuando por fin hayamos aprendido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario